MARIA

Cuando su mamá comenzó a vivir nuevamente en pareja, ella sintió que llegaba un tiempo mejor.

La veía más tranquila y alegre y el sueldo que él aportaba por su trabajo en la fábrica, hacia más fáciles los tiempos. Volvieron los festejos de cumpleaños y las navidades, con  guirnaldas y lamparitas que entre todos colgaban en el patio y el nuevo radiograbador llenando de cumbias el aire.

Pero cada cielo tiene su infierno en alguna parte; y allí María vio que el alcohol, era la puerta del suyo, y el de su madre y hermanos.

Manuel consumía cada vez más y aquellas alegres fiestas empezaron a convertirse en incertidumbre y temor.

 Se sabía cómo empezaban pero el final podía ser un sueño pesado o un desvelo violento en el que todos recibían recriminaciones y golpes por motivos que solo existían en la desconfianza de él, en sus miedos, en su infancia de abandono.

María no recuerda cuándo fue, que  comenzó a mirarla de otro modo.

Una mirada de su madre a Manuel -mientras ella lavaba los platos y él la miraba-, le hizo sentir que algo malo pasaba.

Pronto comenzó a censurar sus salidas; su vestimenta que juzgaba provocativa;; le decía a su madre que todas sus amistades eran malas; que iba por mal camino.

El acoso se fue haciendo más intenso al punto de que él a veces le lanzaba algún golpe solo porque María se arreglaba para salir un rato por el barrio. La sometía a largos interrogatorios en su habitación, para saber si estaba con algún chico.

Fue un día de paro en la fábrica lo que trajo a Manuel a la casa mientras su madre estaba en el trabajo. La mandó a comprar varias cervezas que fue consumiendo a lo largo de un par de horas.

De nada sirvieron los gritos de María en aquel barrio, donde la violencia está tan naturalizada como la pobreza, ni que intentara defenderse con todas sus fuerzas…

Los abusos se repiten y acrecientan, mientras María alberga en su corazón fantasías de venganza, matando a su agresor en sueños para volver a padecerlo en cada ausencia de su madre.

Su madre mira la cama revuelta, los ojos de María enrojecidos, y comienza a trajinar con la cena. Mira a su pareja y calla.  ¡Tenés que acostarte más temprano María, andar menos por ahí! ¿Viste la cara que tenés?

 

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