Creció en un barrio en los márgenes, allí donde la vida siempre amenazada se mueve en la frontera estrecha de los pasillos, donde lo bueno y lo malo tienen el mismo espacio vital, donde no se elige sino entre lo posible, y lo posible siempre está decidido por un día a día marcado por la supervivencia.

Cansada del maltrato familiar, harta de padecer en la piel las frustraciones de su padre desempleado por más de diez años; de su madre que miraba sin ver, o que ya había renunciado por miedo a defenderla, se fue de su casa días después de cumplir 14 años.

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